martes, 16 de octubre de 2012

Melancolía independentista

Le ha sucedido a  Artur Mas en Cataluña. tantos años esperando el papel de prima donna para luego frustrarse como una corista. De hecho los proyectos nacionalistas y soberanistas navegan endogámica y sistemáticamente contra corriente.                                                                                                                  Primero les sorprendió la inercia de la Europa sin barreras. ahora lo ha hecho la dependencia inexcusable del dinero exterior, de forma que resulta inconcebible aspirar a la soberanía cuando el modelo es financieramente inviable y cuando el prosaísmo del cobrador del frac ha neutralizado a los rapsodas de la melancolía independentista.




La opinión de Rubén Amón en El Mundo.

lunes, 15 de octubre de 2012

Vulgata Nacionalista

"El delirio político" es endémico en mi tierra. Unos padecen la fiebre porcina y otros el separatismo. Es poner los pies aquí y, vengas de Iznájar o de donde vengas, acabarás recitando la Vulgata Nacionalista.



Citileaks, los españolistas de la plaza real.  MARIA TERESA GIMÉNEZ BARBAT

Emergencia de una facultad humana

Y Ana Nuño se dolía de la reacción de Ana Mª Moix. La escritora se tenía por antinacionalista pero temía nuestro posible "españolismo". Vaya hombre. Supongo que no le hubiera llamado eso a la cara a ninguno de los del grupo. Pero para algunas personas, el todo no era la suma de las partes sino un artefacto nuevo. Nadie era "españolista" a nivel particular pero el conjunto del grupo sí que lo era. Es el milagro de lo que los científicos llaman "emergencia" de una facultad nueva.


Citileaks, los españolistas de la plaza real. Mª TERESA GIMÉNEZ BARBAT

miércoles, 10 de octubre de 2012

Poco nacionalista

A las personas no nos gusta sentirnos demasiado distintos. Sólo lo justo para darnos un barniz personal. Solomon Asch describió hace muchos años su revelador "principio de conformidad" Que le etiqueten a uno de "poco nacionalista" es parecido a "ligeramente pedófilo". ¿Quién necesita un problema extra con los que ya acarrea la propia vida? Además defenderse de la superioridad moral del bueno es muy difícil. Hay que hablar, discutir... Encima, no te entienden. porque en realidad, si no es por un motivo interesado, es por un problema cultural. De tener cultura, quiero decir.


Citileaks. Mª TERESA GIMÉNEZ BARBAT

domingo, 7 de octubre de 2012

jueves, 4 de octubre de 2012

Auscultando nacionalismos

La opinión de Fernando Savater en El País.
                                                                                                                                                                             A la colección ¡Vaya Timo! que dirige Javier Armentia y edita Laetoli solo se le puede reprochar su título, que es simpáticamente provocador pero también bastante chabacano. Y sobre todo de un reduccionismo engañoso, porque la parapsicología o la Sábana Santa son “timos” de una cualidad muy diferente y menos defendible que el psicoanálisis o la religión. También en la descalificación y el rechazo debe haber grados, so pena de que la crítica misma se convierta en “timo”. Por lo demás, se trata de una serie valiente y necesaria que no retrocede a la hora de meterse en aguas turbulentas, no solo turbias, y de plantear debates que comprometen rutinas mentales sacrosantas. Prueba de este amor al riesgo es su última publicación: El nacionalismo ¡vaya timo!, de Roberto Augusto. En España nadie que critique al nacionalismo sale indemne, siempre se gana zarpazos de alguna fiera corrupia de nuestro zoológico. Incluso quienes compartan sus objeciones a regañadientes podrán decir que padece “fobia antinacionalista”, que como toda fobia es cosa mala y morbosa, mientras que los denunciantes de los recortes gubernamentales o los abusos de los mercados no padecen ninguna fobia anticapitalista o similar, sino que son gente íntegra y comprometida. Caprichos de los timos, que son muy suyos. De modo que solo cabe elogiar la determinación de la editorial y del autor de este libro. Y probablemente está justificado que Augusto adopte un tono severo pero mesurado en su tratamiento de un problema que despierta encrespamientos tan viscerales como mal razonados. Sin embargo, en algunos aspectos se podría haber ido más al fondo del asunto sin necesidad de incurrir en intemperancias. Por ejemplo, en el tema de la lengua. El autor critica con buenos argumentos la reivindicación de una lengua "propia" o “nacional” allí donde precisamente se da el bilingüismo, pero no concede suficiente atención a la importancia política de una lengua común en un Estado culturalmente plural. Se echa a faltar en su bibliografía obras tan cruciales como El paraíso políglota o Lengua y patria de Juan Ramón Lodares (ambas editadas por Taurus). Y tampoco creo que analice suficientemente las consecuencias educativas de la inmersión lingüística, sobre todo en lo que supone de conculcación intimidatoria de un derecho ciudadano que no puede ser suspendido por la decisión de una comunidad autónoma. A mi juicio, decretar que son igualmente nacionalistas tanto los partidarios de que se pueda elegir la lengua vehicular educativa como los que imponen la inmersión en una convirtiendo a la otra en una especie de anomalía apenas disculpable… es una falacia insostenible. Un timo, para entendernos. Roberto Augusto dedica todo un capítulo de su libro a refutar el nacionalismo español de Gustavo Bueno, que no sé si es tan políticamente relevante en la España actual de los separatismos surtidos como para merecer tan preferente tratamiento. Encabeza esta crítica con una serie de ocho planteamientos que según él describen el nacionalismo español actual y en donde, junto a fórmulas evidentemente nacionalistas, hay denuncias razonables de abusos lingüísticos demostrados, desequilibrios en el sistema electoral o del peligro de redundancias burocráticas en las administraciones autonómicas. Estas últimas en concreto se han revelado muy preocupantes en el contexto de la crisis económica y de los dolorosos esfuerzos por salir de ella. Conviene leer un ensayo esclarecedor y documentalmente fundado del europarlamentario Francisco de Sosa Wagner y Mercedes Fuertes: El Estado sin territorio (Marcial Pons / Fundación Alfonso Martín Escudero). Resulta bastante más incontrovertible que algunos excesos del vehemente Gustavo Bueno… Concluye su libro Augusto en clave optimista (si no se es nacionalista, claro) dando por inevitable la decadencia del nacionalismo y aportando buenas razones que han de motivarla. Quisiera compartir del todo esta esperanza, pero guardo a pesar mío ciertas reservas, sobre todo en la zona ponzoñosa de la crisis económica —que propicia la búsqueda de salvavidas ventajistas y excluyentes— y muy en particular en el caso de España, cuya idea unitaria nacional parece definitivamente cedida a la derecha más beligerante… No puedo quitarme de la cabeza que la mayoría de los timos surgen de una combinación de afán de lucro y de vanagloria: o sea que los nacionalistas llevan buena baza.

domingo, 30 de septiembre de 2012

La ficción del nacionalismo

En Cataluña sólo una parte de la población piensa que somos una nación. Podríamos hablar de un 30%. Sin embargo, la clase política casi en pleno, los medios de comunicación y la abrumadora mayoría de los intelectuales se comportan como si esto fuera un acuerdo largamente establecido. Esas "élites" son las que han legitimado y apuntalado la ficción del nacionalismo en nuestra tierra.


Citileaks, los españolistas  de la plaza real. MARIA TERESA GIMÉNEZ BARBAT

Claridad

La clarividencia de El Roto.

viernes, 28 de septiembre de 2012

¿Queremos seguir siendo catalanistas?

"Mantendremos el euro por receta". Eso dijo el jueves el portavoz del Govern demostrando nuevamente la realidad catalana. Es, pues, urgente que se nos consulte si queremos seguir siendo catalanes, es decir, si queremos seguir pagando las cosas dos veces. Arturo San Agustín en El Mundo.
Y añado. Al final la consulta popular no será sobre la independencia de Catalunya sobre España...será sobre la idoneidad de ser catalán y español o sólo español.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Pie en pared


La opinión de Joaquín Leguina en su blog.



A propósito de los pujos separatistas de Convergencia Democrática de Cataluña (CDC) defendidos y aprobados en su congreso de Reus (conviene recordar que fue lugar de nacimiento de un connotado y brillante liberal español, el general Prim), leo en un editorial de El País (27-III-2012) que “Todo esto no se corresponde con la fuerza burguesa y previsible, tranquila y responsable que CDC ha sido hasta ahora”.
“¿Previsible, tranquila y responsable?” ¿Quién ha inventado esta fábula? Ese “tranquilo” y “responsable” tan solo es uno de los muchos disfraces de los nacionalistas catalanes. Concretamente aquel que se suelen poner cuando se suben al puente aéreo para volar hacia Madrid, pero si alguien se tomara la molestia de analizar las ideas primigenias, sus derivas y disparates y su historia, apenas encontraría nada nuevo en estas declaraciones de los líderes de CDC. Ahí están el mismo victimismo de siempre y la caricatura de una España –la de “las aguas sucias que nos invaden”, en palabras de Oriol Pujol- culpable de todos los males que sufre Cataluña. Vamos, que “somos los más listos, los más altos, los más guapos, los más trabajadores y no volamos como las águilas porque nos lo impide Madrid”.
Tampoco es nuevo el silencio elocuente y culpable de los dos grandes partidos y también del Gobierno ante los despropósitos –todos ellos anticonstitucionales- de los dirigentes del CDC, comenzando por el –por ahora- más joven de la saga Pujol (¿pretenderán estos Pujol emular a los Kim de Corea del Norte?).
De “delirantes” ha calificado estas propuestas nacionalistas la señora Sánchez Camacho, pero su partido, el PP, sigue apoyando a CDC en Barcelona y busca el apoyo de CDC en Madrid. Y ahí está una de las claves de tanto disparate: el papel de charnela política que juegan en Las Cortes los nacionalismos periféricos. Por no hablar del desaguisado zapateril impulsando el nuevo Estatuto, que sólo ha servido para exacerbar las querencias independentistas de estos pavos.
Hace ya mucho tiempo que sonó la hora de poner pie en pared y de recordarle al nacionalismo que la Constitución está ahí para cumplirla y que nunca la podrán echar abajo ellos solitos sin que se monte la gorda en aplicación del artículo 2 de la misma.
¿Cuándo querrá la UE terminar con esta plaga del nacionalismo, cuya última masacre se llamó Yugoslavia? Bastaría para ello con un simple acuerdo como éste: “Aquel que fuerce la ruptura de las fronteras actuales quedará fuera de la Unión”.

lunes, 24 de septiembre de 2012