martes, 29 de enero de 2013

Una misma voz en toda España

Editorial de UPyD.

                                                                                                                                         "Unión Progreso y Democracia nació desde Euskadi para ser un partido nacional que se presenta en toda España sin franquicia, sin cambiar las siglas y sin aceptar excepcionales". Con esta frase, Rosa Díez ha explicado por qué el partido del que ella es portavoz no puede contemplar alianzas, coaliciones o cualquier tipo de asociación con otras fuerzas políticas. Díez ha puesto el ejemplo de lo sucedido al PSOE con el PSC o al PP con UPN. Los partidos otrora nacionales han desaparecido de Cataluña y Navarra respectivamente. Es más, populares y socialistas se han ido desfigurando como partidos españoles para convertirse en sendas coaliciones de intereses regionales, en las que las decisiones no se toman pensando en el interés general, sino tras alcanzar un pacto entre las diferentes baronías o tras la victoria de una de ellas sobre el resto. Así se explican, en buena medida, los males de España. UPyD puede compartir ideas y valores con todos los partidos, salvo con las franquicias políticas del terrorismo. Y dentro de su modelo de democracia entiende el acuerdo y el pacto entre formaciones legítimas como métodos imprescindibles para impulsar reformas importantes y garantizar la gobernabilidad. Así lo ha demostrado en Asturias tras el acuerdo firmado con el PSOE, o en Alcalá de Henares (a pesar de que el PP parezca dispuesto a dinamitar su acuerdo con el partido magenta). Así lo ha demostrado llegando a acuerdos con el PP para fomentar la custodia compartida, o con el Gobierno el fin de los privilegios penales de partidos y sindicatos, o con todos los grupos para reclamar una estrategia contra los suicidios. Pero para que el diálogo sea efectivo y sus resultados justos, las partes deben ser honestas y transparentes, y deben recogerse todos los puntos de vista. En España ha habido posiciones que han dejado de estar presentes en el debate político. Son las que UPyD ha retomado y ha logrado poner sobre la mesa. Lo ha podido hacer porque es un partido independiente, sin cadáveres en los armarios ni hipotecas por pagar. Además, puede defender sus ideas en toda España, y explicar a los ciudadanos que el que vota a UPyD en Gerona y el que lo vota en Huelva están votando lo mismo. Y esto, en España, es un caso único. Para que no se excluya del debate público - ni hoy ni en el futuro - ningún asunto que afecte al interés general, es imprescindible un partido inequívocamente nacional. Sin esta presencia, el debate, los acuerdos y los pactos que configuren la España del futuro estarán sesgados. Bien porque se hayan excluido cuestiones clave o bien porque no se hayan escuchado todas las voces. Cuando UPyD presentó la querella contra Bankia - sirva esta experiencia como ejemplo -, algunos, al no encontrar otro argumento, le acusaron de actuar por electoralismo. Ahora, al quedarse lejos de obtener representación en Cataluña, los mismos critican que se haya negado a pactar con otras formaciones. UPyD, como todos los partidos, quiere votos. Pero no los quiere para que sus líderes salgan en portada, ni para colocar afiliados en chiringuitos públicos, ni para mantener el statu quo. Los quiere para cumplir su programa y su Manifiesto Fundacional. Los quiere para llevar a cabo las reformas que España necesita. Y para lograr su objetivo no puede renunciar a sus principios ni arriesgar su integridad como partido. Tiene que asegurarse de que siempre podrá decir lo mismo en todos los lugares de España.

sábado, 29 de diciembre de 2012

sábado, 10 de noviembre de 2012

Contra la independecia, Vota UPyD

Ensimismada, suspicaz, tribal

Esa Catalunya independiente con la que sueñan algunos resulta muy poco atractiva: ensimismada, suspicaz, tribal. Es una Catalunya en la que no me gustaría vivir. Mi condición de español no me entusiasma, pero es lo que me ha tocado, y en esa Catalunya, por mi condición de escritor en castellano, tendría que elegir entre ser uno de los últimos de Filipinas o especie protegida, algo así como el lince ibérico. No tengo vocación ni de una cosa ni de la otra.
 IGNACIO MARTÍNEZ DE PISÓN

martes, 6 de noviembre de 2012

Javier Cercas

"El nacionalismo fue el cáncer de Europa y amenaza con volver".                                                                                                                    

JAVIER CERCAS
  

martes, 16 de octubre de 2012

Melancolía independentista

Le ha sucedido a  Artur Mas en Cataluña. tantos años esperando el papel de prima donna para luego frustrarse como una corista. De hecho los proyectos nacionalistas y soberanistas navegan endogámica y sistemáticamente contra corriente.                                                                                                                  Primero les sorprendió la inercia de la Europa sin barreras. ahora lo ha hecho la dependencia inexcusable del dinero exterior, de forma que resulta inconcebible aspirar a la soberanía cuando el modelo es financieramente inviable y cuando el prosaísmo del cobrador del frac ha neutralizado a los rapsodas de la melancolía independentista.




La opinión de Rubén Amón en El Mundo.

lunes, 15 de octubre de 2012

Vulgata Nacionalista

"El delirio político" es endémico en mi tierra. Unos padecen la fiebre porcina y otros el separatismo. Es poner los pies aquí y, vengas de Iznájar o de donde vengas, acabarás recitando la Vulgata Nacionalista.



Citileaks, los españolistas de la plaza real.  MARIA TERESA GIMÉNEZ BARBAT

Emergencia de una facultad humana

Y Ana Nuño se dolía de la reacción de Ana Mª Moix. La escritora se tenía por antinacionalista pero temía nuestro posible "españolismo". Vaya hombre. Supongo que no le hubiera llamado eso a la cara a ninguno de los del grupo. Pero para algunas personas, el todo no era la suma de las partes sino un artefacto nuevo. Nadie era "españolista" a nivel particular pero el conjunto del grupo sí que lo era. Es el milagro de lo que los científicos llaman "emergencia" de una facultad nueva.


Citileaks, los españolistas de la plaza real. Mª TERESA GIMÉNEZ BARBAT

miércoles, 10 de octubre de 2012

Poco nacionalista

A las personas no nos gusta sentirnos demasiado distintos. Sólo lo justo para darnos un barniz personal. Solomon Asch describió hace muchos años su revelador "principio de conformidad" Que le etiqueten a uno de "poco nacionalista" es parecido a "ligeramente pedófilo". ¿Quién necesita un problema extra con los que ya acarrea la propia vida? Además defenderse de la superioridad moral del bueno es muy difícil. Hay que hablar, discutir... Encima, no te entienden. porque en realidad, si no es por un motivo interesado, es por un problema cultural. De tener cultura, quiero decir.


Citileaks. Mª TERESA GIMÉNEZ BARBAT

domingo, 7 de octubre de 2012

jueves, 4 de octubre de 2012

Auscultando nacionalismos

La opinión de Fernando Savater en El País.
                                                                                                                                                                             A la colección ¡Vaya Timo! que dirige Javier Armentia y edita Laetoli solo se le puede reprochar su título, que es simpáticamente provocador pero también bastante chabacano. Y sobre todo de un reduccionismo engañoso, porque la parapsicología o la Sábana Santa son “timos” de una cualidad muy diferente y menos defendible que el psicoanálisis o la religión. También en la descalificación y el rechazo debe haber grados, so pena de que la crítica misma se convierta en “timo”. Por lo demás, se trata de una serie valiente y necesaria que no retrocede a la hora de meterse en aguas turbulentas, no solo turbias, y de plantear debates que comprometen rutinas mentales sacrosantas. Prueba de este amor al riesgo es su última publicación: El nacionalismo ¡vaya timo!, de Roberto Augusto. En España nadie que critique al nacionalismo sale indemne, siempre se gana zarpazos de alguna fiera corrupia de nuestro zoológico. Incluso quienes compartan sus objeciones a regañadientes podrán decir que padece “fobia antinacionalista”, que como toda fobia es cosa mala y morbosa, mientras que los denunciantes de los recortes gubernamentales o los abusos de los mercados no padecen ninguna fobia anticapitalista o similar, sino que son gente íntegra y comprometida. Caprichos de los timos, que son muy suyos. De modo que solo cabe elogiar la determinación de la editorial y del autor de este libro. Y probablemente está justificado que Augusto adopte un tono severo pero mesurado en su tratamiento de un problema que despierta encrespamientos tan viscerales como mal razonados. Sin embargo, en algunos aspectos se podría haber ido más al fondo del asunto sin necesidad de incurrir en intemperancias. Por ejemplo, en el tema de la lengua. El autor critica con buenos argumentos la reivindicación de una lengua "propia" o “nacional” allí donde precisamente se da el bilingüismo, pero no concede suficiente atención a la importancia política de una lengua común en un Estado culturalmente plural. Se echa a faltar en su bibliografía obras tan cruciales como El paraíso políglota o Lengua y patria de Juan Ramón Lodares (ambas editadas por Taurus). Y tampoco creo que analice suficientemente las consecuencias educativas de la inmersión lingüística, sobre todo en lo que supone de conculcación intimidatoria de un derecho ciudadano que no puede ser suspendido por la decisión de una comunidad autónoma. A mi juicio, decretar que son igualmente nacionalistas tanto los partidarios de que se pueda elegir la lengua vehicular educativa como los que imponen la inmersión en una convirtiendo a la otra en una especie de anomalía apenas disculpable… es una falacia insostenible. Un timo, para entendernos. Roberto Augusto dedica todo un capítulo de su libro a refutar el nacionalismo español de Gustavo Bueno, que no sé si es tan políticamente relevante en la España actual de los separatismos surtidos como para merecer tan preferente tratamiento. Encabeza esta crítica con una serie de ocho planteamientos que según él describen el nacionalismo español actual y en donde, junto a fórmulas evidentemente nacionalistas, hay denuncias razonables de abusos lingüísticos demostrados, desequilibrios en el sistema electoral o del peligro de redundancias burocráticas en las administraciones autonómicas. Estas últimas en concreto se han revelado muy preocupantes en el contexto de la crisis económica y de los dolorosos esfuerzos por salir de ella. Conviene leer un ensayo esclarecedor y documentalmente fundado del europarlamentario Francisco de Sosa Wagner y Mercedes Fuertes: El Estado sin territorio (Marcial Pons / Fundación Alfonso Martín Escudero). Resulta bastante más incontrovertible que algunos excesos del vehemente Gustavo Bueno… Concluye su libro Augusto en clave optimista (si no se es nacionalista, claro) dando por inevitable la decadencia del nacionalismo y aportando buenas razones que han de motivarla. Quisiera compartir del todo esta esperanza, pero guardo a pesar mío ciertas reservas, sobre todo en la zona ponzoñosa de la crisis económica —que propicia la búsqueda de salvavidas ventajistas y excluyentes— y muy en particular en el caso de España, cuya idea unitaria nacional parece definitivamente cedida a la derecha más beligerante… No puedo quitarme de la cabeza que la mayoría de los timos surgen de una combinación de afán de lucro y de vanagloria: o sea que los nacionalistas llevan buena baza.